Ambiente amistoso

Ambiente amistoso

Antes de la primera consulta

1. No te guíes solo por este criterio, pero en general es sensato elegir a un dentista que te haya recomendado alguien de tu familia, tus amigos, compañeros de trabajo… Así puedes conocer el trato que ha recibido y prever el que vas a tener tú cuando vayas. Intenta no elegir un dentista solo en función de su publicidad en TV.

2. Para que un odontólogo sea considerado como tal, debe tener un título universitario que lo acredite, y tiene la obligación de colegiarse en uno de los numerosos colegios profesionales de odontólogos y estomatólogos de nuestro país.

Si tienes dudas sobre la profesionalidad de tu dentista, busca su nombre en la web de cualquier colegio de dentistas para comprobar si ejerce su profesión de forma legal y de acuerdo a las normas éticas de su profesión.

3. Elige un dentista que esté especializado en el tratamiento que necesitas. La carrera de Odontología es muy amplia, y generalmente, los dentistas realizan una formación complementaria (máster o postgrado) para dedicarse casi en exclusiva a una rama concreta.

Por ello, muchas veces, no será la misma persona que te realice una extracción o una endodoncia. Pero esto permite que sean expertos en la materia, asegurando un tratamiento óptimo para ti.
En el sillón dental

4. Un dentista de confianza estará siempre dispuesto a compartir información contigo: por ejemplo, en la primera visita, puede introducir una cámara intraoral en la boca de sus pacientes para que puedan ver en una pantalla el estado general de su boca y seguir sus explicaciones.
Pistas para reconocer a un dentista de confianza

5. En ese sentido, desconfía de los problemas inesperados. Si, por ejemplo, nunca has tenido caries y tu nuevo dentista te descubre muchísimas en la primera sesión, haz todas las preguntas que sean necesarias y exige que te enseñe las radiografías y (una vez más) la imagen de la cámara intraoral.

6. Una vez te haya hecho el diagnóstico y recomendado uno o varios tratamientos dentales, desconfía de los dentistas que recomiendan tratamientos muy precipitados pero son incapaces de explicar satisfactoriamente por qué corren tanta prisa.

7. Del mismo modo, los tratamientos siempre debe determinarlos un odontólogo y no una persona que no esté titulada y colegiada. Fuera del gabinete, te pueden explicar el coste del tratamiento y cómo lo puedes pagar, pero una vez salgas del gabinete, nadie puede cambiar el presupuesto que te ha dado tu odontólogo.
En el despacho de la clínica

8. En el despacho, el director o responsable de la clínica debe ser capaz de responderte a todas tus dudas sin mostrar prisa y usando un lenguaje cercano. Su trabajo es que entiendas bien qué tratamientos te han recomendado, por qué y cómo van a hacerse.

9. Desconfía si notas urgencia para cerrar un tratamiento. Debemos recelar ante cualquier tipo de presión para firmar un tratamiento lo antes posible o pedir una financiación cuanto antes, por una supuesta oferta que está a punto de caducar.

10. En odontología no existen las garantías por de por vida, y una clínica dental responsable no arriesgará su reputación con promesas de este tipo. La calidad de los materiales y sus profesionales son su mayor garantía.

11. No se debe pagar ningún tratamiento por adelantado. Si se realiza una financiación, debe figurar que el crédito está vinculado a la realización del tratamiento. Es la salvaguarda que tenemos ante un eventual cierre de la clínica o un tratamiento interrumpido de forma imprevista.

12. Y tal vez la que sea la pista definitiva: desconfía si te ofrecen presupuestos muy bajos. Los tratamientos muy baratos normalmente esconden materiales de gamas muy bajas, equipamientos viejos o de poca calidad, profesionales poco cualificados o en muy malas condiciones laborales… No por repetido menos cierto: lo barato acaba saliendo muy caro.

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